Poblanos viven a prisa, tanto como sus rutas.
Tal
parece que todos viajan a prisa,
No
hay espacio para respirar en su vida ajetreada,
necesitan
las cosas ya, y las quieren pronto.
La
vía Atlixcayotl es una de las más ajetreadas por la mañana, eso se hace notar
al ver tanta gente esperando el autobús en la parada. Era un martes por la
mañana, un día que parecía ser soleado, eran las ocho dela mañana y la gente en
ocasiones a conglomerada esperando el camión que los llevaría a su
destino.
Por la avenida, se veían
circular carros de todos los modelos Pontiac, Chevy, Mustang, Tsuru, y rutas
como la Azteca, la 14, la ruta 29, el
bicentenario. Gente iba y venía, pero el tráfico a esta hora no parecía disminuir,
al contrario había espacios de entre diez y quince minutos en que la gente se
amontonaba en la parada. A pocos metros de la parada, se encuentra el puente y
la ciclovía que atraviesa toda la vía. Del
lado izquierdo, el señor de los tamales y su carrito, vendiendo como todos los
días tamales, solos o compuestos con torta y atole.
Cerca
de las 8:30 de la mañana el sol parecía colocarse aún más en lo alto del cielo,
el calor del mismo llegaba a sentirse con más intensidad. La mañana parecía
avanzar y la gente seguía con su trayectoria, cerca de la parada estaba ahí un
chico, alto, vestía jeans de
mezclilla y chamarra roja. Observaba su celular con gran frecuencia, se sentaba
en la banca y a los pocos minutos se levantaba y miraba hacia la carretera,
como en espera de algo alguien. Pasados
unos diez minutos, arriba la ruta 29 verde, él mira el carro, continua sentado
en la banca, la ruta para justo frente a él, comienzan a bajar personas, entre
ellas una chica de unos veinte años aproximadamente. El chico rápidamente se
levanta y da unos pasos hacia ella, la abraza y se besan por un largo lapso.
Las
rutas continúan pasando, hay gente aún en la parada, sigue la azteca, ruta 33,
la perimetral, alimentadora entre tantos carros que prosiguen su destino, tal
parece que la gente nunca deja de llegar, y que todas las personas quieren
llegar con prontitud.
Entre
la gente llega un chico con una patineta blanca, viste zapatos rojos, camisa a
cuadros, pantalón blanco. Con una acrobacia levanta la patineta del piso y
logra llamar la atención de los que están a su lado. Una señora lo ve, mira la
patineta y vuelve a voltear la mirada hacia la avenida. Mientras el chico
espera el autobús mueve continuamente la patineta. Enseguida levanta la mano, y
hace parada al bicentenario, la mayoría de la gente intenta subir a esta ruta,
se conglomeran las personas en la puerta, pocos consiguen subir, el chico es
uno de los últimos en arribar el autobús.
El
tráfico siguen en aumento, el sol calienta un poco más que hace diez minutos.
Las rutas siguen pasando, llega una ruta 29 verde y los novios suben, el paga
el pasaje de los dos, ella sigue hasta la parte trasera de la unidad hasta
encontrar dos asientos para irse juntos. El chico se sienta a su lado, la 29
avanza después del rojo del semáforo, a la distancia se logra ver que se besan
nuevamente.
El
sol comienza a perderse entre una nube, se siente el aire frío y la disminución
de calor. De aparentar ser un día soleado, las nubes comienzan a ser mayoría y
tapan los rayos del sol que parecían ser fuertes.
Hay
gente en la parada, la mayoría utiliza el celular: chatean por la forma en que
mueven sus dedos y por las ventanas abiertas; algunos otros sólo escuchan
música, llevan los audífonos puestos y no toman más atención que a la avenida.
Cabe destacar que ninguna de las personas que están en la parada utilizan la
banca, llegan y se justo al lado de la calle, muy pocos utilizan las bancas,
pero luego de estar unos cuantos minutos en ellas se levantan y hacen lo mismo
que los demás (ver hacía la avenida). Quizá es porque tienen demasiada prisa en
abordar la ruta que los llevará a los lugares quieren.
Cada
cinco minutos pasa la ruta azteca, pero esta no es la que lleva más pasajeros.
Por el contrario la ruta 29 pasa cada diez minutos, es en esta dónde la
colectividad de personas se sube, cada que llega una unidad de esta ruta la
gente corre para tratar de alcanzar un lugar.
Hay
carros parados tras la ruta 29, al subir mucha gente el lapso de tiempo en el
que se queda parado es considerable, la gente que esta atrás se desespera,
comienza a pitar con el claxon ya que el semáforo ha cambiado de rojo a verde,
pero la ruta no tienen interés en avanzar pronto, sigue cobrando pasaje y los
pasajeros siguen abordando.
Después
de diez minutos llega la próxima unidad de la ruta 29, hay gente esperando,
hacen la parada pero el chofer no espera, y se sigue derecho unos cuantos
metros lejos de la parada. Tras el autobús va un chico corriendo, intenta subir
pero no le da tiempo, la ruta avanza un poco más, la ruta vuelve a parar unos
instantes baja una chica y el joven sube.
De
pronto atrás se aproxima un señor, de unos 60 años, también intenta
subirse en la ruta 29, pero esta parece
no verlo o no escuchar, el señor toca el carro varias veces, intentando hacer
que pare, después de unos segundos el autobús se detiene. Este chofer a
diferencia del anterior parecía tener demasiada prisa o que no le importa
llevar pasajeros a bordo.
Lo
más extraño, es que la gente hace todo lo posible por irse lo más pronto
posible. No cabe duda de que todos queremos o tenemos establecido ciertos
horarios y tiempos determinados para poder hacer nuestras actividades diarias,
pero a veces nosotros mismos tenemos la culpa y provocamos los accidentes. En
este caso las personas pudieron esperar diez minutos más, poder subir
tranquilamente. Quizá las personas estén acostumbradas a vivir con inmediatez,
porque lo quieren todo al momento.
Dos
minutos después pasa otra ruta 29, esta va totalmente vacía, el chofer espera
un momento en la parada para ver si hay algún pasajero, pero nadie se sube. Continúa
su trayecto, la gente no está acostumbrada a esperar por las cosas, se
desesperan por conseguir todo a tiempo, y en el momento que lo quieren.
El
señor de los tamales sigue vendiendo, la gente pasa con vasos blancos
desechables y sus tortas de tamal. Al parecer vende bien por las mañanas.
Las
personas comienzan a llegar nuevamente a la parada, alrededor de veinte personas se encuentran a
lado de la calle, pasa el bicentenario y arriban alrededor de diecisiete
personas, sólo tres quedan en la parada. Tal parece que este y la ruta 29 son
las que más gente espera.
Pero
el “esperar” no es algo al que todos le rindan honor, tal parece que cada
minuto es sagrado para cada una de las personas que prefieren vivir y hacer las
cosas de inmediato. Cada una de las rutas circulan cada determinado tiempo, eso
no significa que no se retarden en algún momento, ya que el tráfico en esta
ciudad y más en esta etapa de construcciones por todos lados ha ido en aumento.
Pero el detenerse un momento a ver lo que pasa, no es algo que muchos tomen en
cuenta.
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